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Ya se aisló el virus en Medellín, ¿ahora qué sigue?

Los investigadores en el laboratorio, que debe ser nivel 3 para que cumpla con los requerimientos de bioseguridad. FOTO CORTESÍA U. DE A.

Por: Mónica Restrepo Quintero

El trabajo empezó hace dos semanas, cuando los investigadores del grupo de Inmunovirología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia se propusieron aislar el virus, el SARS-CoV-2, que produce la covid-19.

Aislar significa tomarlo de un ser vivo y cultivarlo en el laboratorio, mantenerlo vivo para analizarlo a fondo. “No solamente el genoma, que ya lo estudiaron en Bogotá directamente sobre la muestra del paciente, sino probar si el virus es inhibido por diferentes sustancias como medicamentos, productos naturales o medios físicos como el calor, la radiación, los antisépticos y desinfectantes”, explica Francisco Javier Díaz, asesor técnico y de seguridad en laboratorio, doctor en Ciencias Básicas y parte del grupo.

¿Y cómo lo hicieron?

Lo primero era buscar el paciente. Debía ser uno confirmado positivo por el Instituto Nacional de Salud (INS). Después de que firmara el consentimiento informado y le explicaran qué querían, tomaron una muestra.

Para hacer el aislamiento se necesitan unas células creciendo en un laboratorio y que sean potencialmente susceptibles al virus. El doctor Javier lo explica así: requerían hacer un cultivo de ese microorganismo que es nuevo para el mundo, solo que los virus no son tan fáciles de cultivar en medios como los que se usan para las bacterias y los hongos. “Como no crecen en medios nutritivos sino que requieren células vivas, primero hay que cultivarlas y, cuando estas crezcan, se cultivan virus sobre ellas. Esto le añade dificultad técnica al proceso: se necesita un equipo especial para tener las células en nitrógeno líquido y otro tipo de cosas que no están normalmente en los laboratorios”.

Para este aislamiento en específico usaron las células que tenían congeladas en el laboratorio y eligieron, entre ellas, las de riñón de mono (ver En un minuto). Usaron tres líneas celulares. Cuando ya estaban creciendo en botellitas de cultivo, explicó en la rueda de prensa Wbeimar Aguilar Jiménez, uno de los investigadores, doctor en Ciencias Biomédicas, inocularon (introducir en un organismo una sustancia que contiene los gérmenes de una enfermedad) la muestra que tenían y empezaron a chequear diariamente, a hacer un seguimiento juicioso de los cambios que pudieran darse en ellas. Esto es, precisa Francisco Javier, cuidarlas como una planta de las que se tienen en casa: atentos a los detalles.

Al tercer día vieron que las células se modificaban, unas se desprendían, otras morían. “Son cambios morfológicos inducidos por el virus que sugieren que hay un patógeno multiplicándose”, precisó Wbeimar. El SARS-Cov-2 estaba en ellas.

Hay un paso muy importante para lograr esto, y es la capacidad que tiene el laboratorio, que está en la Sede de Investigación Universitaria, para cultivar allí el virus: es uno de bioseguridad BSL3. “El reto más grande no era solamente lograr que el virus creciera –precisa el asesor técnico–, sino hacerlo con las condiciones de seguridad, porque en el laboratorio uno se puede contagiar. En La U. de A. lo tenemos, porque se dejaron dos pequeños cuartos para trabajos de nivel de seguridad 3, que es el que se requiere para este virus. Lo complementamos con unos trajes de bioseguridad, un equipo de protección personal que le permite a la persona respirar un aire que pasa a través de unos filtros. Si eventualmente este se escapara de un tubo de ensayo y empezara a volar por la habitación, este filtro de alta eficiencia lo retendría y los que estamos trabajando no nos contagiaríamos”.

¿Para qué?

Aislarlo abre puertas a la investigación. La primera y más inmediata la indicó María Teresa Rugeles López, coordinadora del grupo de Inmunovirología, bacterióloga, maestra en inmunología y doctora en Ciencias Básicas Biomédicas, en el FBLive: a través del cultivo podrán evaluar medicamentos que están actualmente en uso para otras patologías y que por su modo de acción pudiesen tener la capacidad de inhibir la replicación del SARS-CoV-2. Esto significaría revisar si medicamentos de los que se están hablando en el manejo de patologías como la malaria y el lupus eritematoso funcionarían contra el nuevo coronavirus. Esa aplicación es de las más importantes, esperan empezar a revisarla justo esta semana.

Otra posibilidad es que pueden dar cuenta de las características del virus y con ello, explica ella, hacer el desarrollo de pruebas diagnósticas “que realmente estén determinando los casos de personas infectadas en Colombia”.

Y una más es que sabiendo que en Medellín varios emprendedores están haciendo desarrollos tecnológicos en los que se evalúan protocolos para eliminar el virus de los equipos que se están utilizando en los pacientes y de la ropa del personal de salud, al tenerlo en el laboratorio “tenemos la capacidad de evaluar esos protocolos y de que se utilicen de la mejor manera, logrando un impacto en bloquear el virus”.

¿Qué sigue?

Weimar señaló que el próximo paso es secuenciar la cepa y compararla. En la secuencia que hicieron en el Instituto Nacional de Salud, según los análisis que se han hecho, casi no hay diferencias con el de China, pero hay una cosa clara: los virus cambian constantemente. Todavía no son los suficientes para decir que el que está en Colombia es uno nuevo. Con la secuenciación que hagan podrán analizar si encuentran diferencias. Esto ayudará a, en los próximos meses, revisar la evolución del que se tiene en el país y resolver preguntas como el tiempo que está tomando la población viral en duplicarse, cuál es su velocidad de cambio y su potencial.

La idea además es seguir haciendo nuevas muestras. “Esperamos trabajar en este mismo durante el resto del año, o hasta que haya más virus circulando e ir viendo cómo va cambiando. Tenemos que tener muchas secuencias hechas para poder hacer ciertos análisis. Algunos solo se logran con muchas secuencias del ARN del virus”, añade Francisco Javier.

¿Y la importancia?

La pregunta es para qué sirve y qué puertas abre. Porque hay quienes ya se ilusionan con una vacuna. Sobre ello, el investigador aclara: “Hay que entender que esta es una herramienta que sirve para hacer muchas investigaciones, pero lo que tenemos en este momento no tiene aplicación. Cuando lo usemos para ensayar fármacos, productos antisépticos y otras cosas que se proyectan como de qué forma se desinfecta más fácil una superficie o se esteriliza un instrumento médico o se esterilizan las mascarillas que se usan para identificar si se pueden reutilizar, tal vez sí. Eso sí, tomará unos meses, estos estudios toman tiempo. No se sabrá en dos semanas, en parte porque necesitamos financiación. Esto lo hicimos con los restos de reactivos de otros trabajos, pero a largo plazo no podemos trabajar así”.

Wilmar añadió durante la comunicación al público que no saben si en Latinoamérica algún otro país ya realizó aislamiento, pero sí que lo ha hecho China, Estados Unidos y algunos países europeos, y que lo importante no es si son los primeros en la región, tanto la puerta que se abre, sabiendo que la cepa no es de ellos, es para los investigadores del país.

Juan Felipe Zapata, estudiante del doctorado en Biología de la U. de A y magíster en Biotecnología de la UPB, y quien no hace parte de ese grupo de investigadores, comenta que “es un logro que nos pone a nivel de países más desarrollados que cuentan con más recursos; demuestra el talento científico de nuestro país. Esto le va a permitir a los investigadores locales, especialmente a los que trabajan en inmonovirología, hacer ensayos y pruebas para comprender su funcionamiento, la respuesta inmune que genera, estudiar potenciales tratamientos y aportar al desarrollo de vacunas en virus de este tipo”.

Todavía no hay una publicación científica, eso significa que está en proceso. Por ahora hay que verlo, entonces, como un primer paso: aislar el virus es despejar el camino para nuevas investigaciones.

Información tomada de: www.elcolombiano.com

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