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Homicidios en baja, desapariciones en aumento: ¿qué está pasando en Medellín?

En la capital antioqueña se ha visto cómo las cifras de asesinatos han descendido en los últimos meses. Sin embargo, otras formas de criminalidad vienen creciendo, como los reportes de posible desaparición forzada.

Medellín cerró el año 2019 y comenzó 2020 con una tendencia en reducción de homicidios. Tanto así, que este enero fue uno de los menos violentos de la capital antioqueña en los últimos años: solo se reportaron 26 asesinatos. La estadística fue celebrada por el alcalde entrante, Daniel Quintero, quien señaló que se habían conseguido 13 días del primer mes del año sin homicidios, un hecho del que la ciudad no tenía registro. La cifra cobra más valor ante la tendencia de los últimos tres años, en los que los asesinatos habían vuelto a aumentar de una forma casi continua. Un hecho por el que Federico Gutiérrez, alcalde saliente, fue muy criticado.

Gutiérrez llegó a la Alcaldía (2016-2019) con la seguridad como una de sus principales banderas, por eso entre sus compromisos estaba seguir con la tendencia a la baja de los asesinatos en la ciudad. En 2015 parecía haberse logrado la tasa más baja de los últimos 40 años, pero “a Federico (Gutiérrez) le tocó el periodo final del pacto del fusil y le toca después un periodo muy complejo”, señala Fernando Quijano, presidente de Corporación para la paz y el Desarrollo Social. Este experto en las dinámicas de la ciudad señala que el alcalde saliente enfrentó durante su mandato una reactivación en el enfrentamiento entre bandas de la ciudad, en este caso dos facciones de la Oficina de Envigado.

Este enfrentamiento entre las bandas de Bello, por un lado, y La Terraza y aliados, por el otro, tuvo como escenario el valle de Aburrá y habría sido una de las causas por las que el homicidio aumentó en los primeros tres años de gobierno de Gutiérrez. Mientras que en 2016 la cifra de asesinatos fue 545, en 2017 fue 587 y 634 en 2018, de acuerdo a Medicina Legal. Solo en el último semestre de 2019 el homicidio tuvo una tendencia a la baja y cerró el consolidado del año con 592 casos reportados. Este ligero descenso, que continuó en enero de 2020, fue tomado como un éxito de la política de seguridad de la alcaldía saliente.

“Comenzando 2020 tenemos un importante bajón porque se están ofreciendo recompensas de hasta $10 millones para quién permita clarificar lo homicidios en los barrios. Esta estrategia invita a denunciar a las personas que están cansadas de esos asesinos”, asegura el general Eliécer Camacho, comandante de la Policía del Valle de Aburrá, que también aseguró que el descenso de los asesinatos reside en una estrategia conjunta entre el anterior gobierno y la Fiscalía que permitió la caracterización de las agrupaciones violentas de Medellín y alrededores. Una postura similar a la expresada por Carlos Arcila, subsecretario de Derechos Humanos de la anterior administración: “Se avanzó de muy buena manera porque se logró la judicialización de varias estructuras y que la Alcaldía acompañara a las víctimas”.

Sin embargo, expertos en seguridad de Medellín tienen una versión diferente: más allá de la acción policial y del gobierno local, el descenso en las cifras de homicidios partió de un pacto de no agresión entre las dos facciones de la Oficina de Envigado -también llamada del Valle de Aburrá, por su zona de influencia-. Para Quijano dicha paz, que habría sido pactada en el primer trimestre de 2019, tenía como fin evitar una guerra total y enviar un doble mensaje al poder local. “El recado a Federico fue ‘cuando queremos paramos’ y al alcalde entrante fue ‘mire cómo se ve de calmada la ciudad sin homicidios’”, señaló el experto en violencia urbana.

Una tesis similar tiene un reconocido docente e investigador de la ciudad, que por razones de seguridad pidió guardar su identidad: “Las estructuras buscan enviar mensajes a la institucionalidad que no le conviene encararlos de manera abierta porque los acuerdos entre la criminalidad permiten tener indicadores de homicidio tremendamente bajos”. Aun así, la idea de un supuesto acuerdo de paz entre grupos no es compartida por la oficialidad, como lo señala Carlos Arcila. Este último, en vez de referirse a un supuesto acuerdo de no agresión, señala que la calma que vive Medellín viene de una estabilización al interior de los grupos delincuenciales tras disputas que los llevaron a violentarse entre sí.

La Personería de Medellín, que se centra especialmente en los casos de criminalidad en la ciudad, dice desconocer estos supuestos pactos y asegura que la reducción de los homicidios se dio exclusivamente por la acción de las autoridades. Por su lado, el general Camacho expresa una posición intermedia: “Yo conozco esas teorías. Entonces resulta que si se matan entre sí es culpa de las autoridades pero si no lo hacen es gracias a los delincuentes. La verdad, yo no hablo con ellos (los miembros de las bandas), sino con la Fiscalía, por eso sabemos que si ellos llegan a tomar una acción de esas (pactar la paz) es porque los hemos obligado con nuestras acciones. Entre más dura es la confrontación entre ellos nos es más fácil llegarles”.

En Medellín también hay robos, extorsiones, disputas por control territorial u otro tipo de acciones de grupos delincuenciales, pero lo que más ha preocupado últimamente a varios expertos en el conflicto intraurbano de Medellín son las cifras de desaparecidos. En los últimos meses se ha convertido en algo común encontrarse en la calle con carteles de la Fiscalía buscando a jóvenes desaparecidos, así como invitaciones por Whatsapp para hacer plantones por la ausencia de alguien. “Este año se ha demostrado que el homicidio se ha bajado, pero hay un hecho que nos ha alarmado, que son las desapariciones”, dice Julio Rengifo, defensor de derechos humanos y miembro de Redepaz Antioquia.

Conocer las verdaderas cifras de desaparecidos en Medellín es una tarea casi titánica. Al subregistro, por el temor a denunciar o la descofianza de las autoridades, se una la poca claridad de quién lleva el control de estas estadísticas, y así lo señala Martha Soto, cabeza del capítulo Antioquia del Movice. El Espectador pudo comprobar que mientras que la Alcaldía y la Personería señalan que ellos solo se encargan de registrar los homicidios, la Fiscalía regional asegura que no está en capacidad de dar datos sobre desaparición y remite toda la responsabilidad a Medicina Legal. En este caso, las cifras referenciadas por el ente de medicina forense de 2019 apenas son un balance preliminar, al igual que las de 2020, que están limitadas al mes de enero.

Según el Sistema de Información Red de Desaparecidos y Cadáveres (Sirdec) de Medicina Legal, en enero de este año se presentaron 37 denuncias por desaparición, 16 más frente a enero de 2019. De este universo de denuncias, nueve fueron encontradas vivas, mientras que una fue hallada muerta. Esto quiere decir que aún hay 27 personas de las que no se sabe su paradero hoy en día. Cifras no oficiales, entregadas por Carlos Arcila tras hacer un seguimiento a los principales casos en medios, señalan que en febrero se han reportado 18 denuncias de desaparecidos en lo que va del mes. Esto se traduce en que en Medellín se ha reportado una desaparición por día. Sin embargo, solo hasta final de mes, se conocerá una cifra oficial.

Por otro lado, las cifras de Medicina Legal de denuncias de desaparición en 2019 muestran un aumento frente a los tres años anteriores. Mientras que en 2016, 2017 y 2018 los casos de desapariciones estuvieron en un margen de 264-297, en 2019 se llegaron a denunciar 400 casos. Esto implica un aumento de por lo menos 100 casos. Esto no quiere decir que todos los casos sean de desaparición forzada, puesto que se totalizan todas las denuncias incluyendo las de aquellos que ya aparecieron con vida. Eliminándose esos últimos casos, que son ausencias voluntarias, en 2019 se reportaron 18 desaparecidos que fueron encontrados muertos y 116 que todavía no se sabe de su paradero.

Los datos consolidados por Medicina Legal también advierten que hubo un aumento en las denuncias de desaparición justo después de que se llegó al supuesto pacto entre las organizaciones delincuenciales de Medellín. En los primeros 4 meses del año el promedio mensual de denuncias fue de 25,5, mientras que los meses siguientes se reportó un incremento acelerado que elevó el promedio hasta 37,5, siendo mayo el mes con más casos, con 59, y diciembre el de menos denuncias, con 14 -recordando que normalmente las cifras de delincuencia como homicidios y desapariciones tienden a bajar en medio de la época decembrina-.

Frente a este panorama de aumento en cifras de desaparición, el general Eliécer Camacho aseguró: “Nosotros estamos en la comuna, en los cuadrantes, en los barrios y no tenemos referenciada esa gran cantidad. Toca que Medicina Legal explique una a una las desapariciones. A veces ocurre que la gente denuncia la desaparición y nunca quitan el denuncio cuando aparece. La cantidad de 400 personas desaparecidas en Medellín sería algo horroroso”. Y es cierto, la cifra real de casos de desaparición, tras eliminarse los ya aparecidos, ronda los 130, pero sigue siendo mayor frente a los años anteriores y genera varios cuestionamientos, como el que hace Fernando Quijano: ¿por qué si el homicidio ha venido bajando, las cifras de desapariciones vienen aumentando?

Una respuesta que tal vez tiene el docente mencionado anteriormente y cuya identidad fue protegida: “Cuando hay un asesinato y se deja el cuerpo en la vía pública, pues uno quiere dejar un mensaje, pero con las desapariciones lo que se busca es borrar el rastro del crimen. Es una modalidad de violencia que se usa cuando no se quiere llamar la atención de las autoridades o cuando no se quiere hacer un uso extensible de la violencia”. Un diagnóstico compartido por Carlos Arcila: “Los grupos armados están desapareciendo a las personas para eliminar la evidencia de sus crímenes. No quieren dejar rastro ante las autoridades para que tengan más difícil la investigación”.

Esta práctica no se le puede adjudicar a una sola agrupación delincuencial en el área metropolitana del Valle de Aburrá, pero, de acuerdo a los expertos en la ciudad, hay algunas zonas donde el fenómeno de desaparición forzada está más arraigado que en otros. Según Julio Rengifo, en las Comunas Popular y Santa Cruz está presente un accionar criminal enfocado en la desaparición. Allí no hay homicidios sino que los desaparecen. En muchos casos las familias no denuncian por el temor y la zozobra”. Carlos Arcila agrega que en la comuna San Javier, más conocida como la Comuna 13, y Belén Altavista son otras donde la desaparición ha sido una problemática historíca y donde se evidencia nuevamente su práctica en el último tiempo.

No hay claridad en cuanto a los casos de desaparición en 2019, sin embargo, con información obtenida del Sirdec, se puede hacer una caracterización de la distribución de las desapariciones en 2020. En enero, la comuna que más tuvo casos de desaparición fue La Popular, también conocida como comuna 1, lo que concuerda con la información suministrada por Rengifo. Allí se reportaron 6 casos de desaparición. La comuna que sigue en denuncias es la 10, allí se reportaron 4 casos de desaparición forzada. El resto de comunas reportan entre 1 y 3 casos y se tiene 5 denuncias de las que no se conoce en qué zona de la ciudad habrían ocurrido.

Más allá de las cifras, actualmente hay un sentir en la población de Medellín de un retorno de la desaparición forzada. “No ha cambiado la modalidad, el control paramilitar se sigue dando pero ahora con otros nombres”, señala Martha Soto al referirse sobre la desaparción. Por eso, ante un posible resurgir de las desapariciones, historicamente Medellín tiene más de 3.000 casos sin resolver, la población y los expertos piden una mayor acción de las autoridades para clarificar los casos existentes y atacar a la delincuencia para evitar que continuen en su accionar y enfrentamientos.


Tomado de: www.elespectador.com

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