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El malestar con el Estado

Con el neoliberalismo, el concepto de Estado-nación entró en crisis, porque el Estado renunció a su papel de promotor y garante del bienestar colectivo.

El malestar social recorre el mundo. Jóvenes y adultos de distintas naciones sienten que se llenó la taza y cansados de esperar unas respuestas que no llegan, salen a las calles a librar su gran batalla, ofreciendo su libertad y su vida en aras de reformas estructurales que permitan alcanzar una mejor calidad de vida.

Cuando las protestas se dan con igual intensidad en Asia, Oriente Medio y América Latina, es evidente que hay un común denominador. Lo que se pone en discusión hoy en día es el modelo de Estado.

¿Cuál es la raíz de esta situación?

Desde hace cerca de cuatro décadas el mundo tiene un nuevo orden: la globalización, con la imposición del neoliberalismo y la internacionalización de la economía, el mercado y los conflictos.

El modelo neoliberal se impuso con sangre, dolor y lágrimas, restándole al Estado la mayor parte de sus capacidades y otorgándole la toma de decisiones y los beneficios al mercado.

Con el neoliberalismo, el concepto de Estado-nación entró en crisis, porque el Estado renunció a su papel de promotor y garante del bienestar colectivo para convertirse en un simple ejecutor de políticas a favor de los sectores privilegiados de la sociedad y en el martillo de las clases media y baja de la población.

El estado ya no cumple con su función de redistribución de los ingresos y es incapaz de moderar las tensiones sociales, porque el desmantelamiento de que ha sido víctima le impide invertir en programas sociales como educación, salud pública y vivienda, los frentes más críticos de la sociedad. La incapacidad del Estado para generar ingresos más allá de los impuestos y tasas públicas configura un círculo vicioso de crecimiento de la deuda pública y recortes sociales.

El neoliberalismo al disminuir las capacidades del Estado para darle protagonismo al mercado y a la iniciativa privada, afecta la democracia. En teoría, el Estado no es solo el encargado de ejercer control social, poder coercitivo y distribución de recursos. En democracia, también debe distribuir derechos y promover la construcción de ciudadanía y esa dimensión es débil.

El Estado, que nació como un acuerdo de los ciudadanos para buscar la defensa de valores comunes, se fracturó. Los ciudadanos tienen múltiples motivos para desconfiar de las instituciones estatales porque estas se dedicaron a servir a los intereses de unos sectores específicos y no escucha a los colectivos sociales.

Las actuales generaciones se enfrentan a un futuro incierto por cuenta de la incapacidad del Estado para responder por sus obligaciones y para generar oportunidades para todos los grupos sociales.

Superar esa división, sanar las heridas y restablecer la confianza, implica la negociación de un nuevo pacto social, pero todavía no se dan las condiciones para este diálogo porque los Estados perdieron su soberanía económica y legislativa y no tienen autonomía para asumir compromisos. La inestabilidad y la incertidumbre son el signo de estos tiempos difíciles.


Tomado de: www.elmundo.com

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