Los corazones de los más de 80 cosecheros de la hacienda cafetera La Coqueta, del corregimiento Farallón, de Ciudad Bolívar, suroeste de Antioquia, están destrozados.
El hallazgo, el miércoles pasado, en medio de los palos de café de un cambuche con una bolsa llena de juguetes y dos hamacas, removió los sentimientos de los trabajadores lo que acabó con sus ánimos para continuar con la recolección de la cosecha cafetera.
Este cambuche, con una cobija y la bolsa con muñecos y carritos, lo había armado el pequeño Julián Estiven Higuita Muñoz, de seis años, quien murió la noche del miércoles, después de recibir 24 horas antes, un brutal ataque a machete por parte del un cosechero, molesto porque no le pagaron las pocas latas que recogió y porque la madre del pequeño no le prestó un celular para llamar.
El lunes los padres de Julián Estiven lo llevaron con la hermanita, de 4 años, a la que el individuo le amputó la mano izquierda y le causó otras heridas en la cara y el cráneo, y una primita de 5 para que estuvieran con ellos en el surco, mientras recolectaban los granos.
El niño, para que la hermanita y la primita descansaran en medio de los juegos infantiles, les instaló dos hamacas entre los palos de café.
Piedad Bolívar, propietaria de la hacienda narró que al encontrar este sitio, sus cosecheros quedaron destrozados y los ánimos que les genera la cosecha de fin de año se fueron al piso. Producto de ello, contó, fue el poco pago que lograron el viernes pasado al concluir las labores de la semana: el martes no cogieron café, porque salieron todos a buscar al agresor casi que detrás de cada palo, piedra y las cañadas de la región.
El miércoles al descubrir el “santuario de lúdica infantil” que dejó Julián Estiven, la tristeza les copó su capacidad productiva.
La audiencia al implicado
Sobre la versión inicial que dieron a conocer las autoridades que indicaba que el supuesto agresor, Henry de Jesús Durango Aguirre, de 39 años, respondió con furia asesina contra los niños al ver que su madre le negó el celular, en la audiencia, realizada el jueves, en el Juzgado segundo Promiscuo de Guarne, de 11:30 a.m. a 4:30 p.m. se conocieron nuevos detalles sobre el porqué
de tal agresión.
De acuerdo con los testimonios dados ante el juez, cuando el hombre se encontró con la madre y sus dos niños, éste ya venía muy molesto, porque, según él, le habían robado el pago de las latas de café que recolectó el lunes cuando llego a laborar a La Coqueta. En esta audiencia también se informó sobre otro caso en el que pudo estar inmerso este individuo.
Hace 20 días, en otra finca, en límites de Ciudad Bolívar con Salgar, le pegó un machetazo a otro campesino al que le pusieron 25 puntos de sutura en la cara. Allí se indicó que el sujeto atacó a este jornalero, porque supuestamente le habría robado una lata de café que él había recolectado.
En este sentido la propietaria de la hacienda explicó que este individuo recolectó café el lunes pasado, pero el mayordomo le dijo que había cogido mucho grano verde y que en el beneficiadero no se lo recibirían. Entonces, le prometió que recogería el que estuviera del color de las fresas.
Esa noche no la pasó en el campamento de los obreros y regresó el martes en la escalera que sale a las 6:00 a.m. de Ciudad Bolívar y después de estar pocos minutos en el frente de trabajo se fue para el beneficiadero, donde se encontró con el mayordomo y le dijo que no iba a recoger más café, ya que le había incumplido la promesa hecha el lunes y estaba muy apenado por ello.
Cuando el mayordomo lo fue a liquidar, añadió la señora, “le dijo que para qué le iba a dar plata si él ya tenía la lápida pegada”.
Instantes después, se dirigió a una casa vecina donde una señora tiene un contrato para suministrarles alimentos a los cosecheros. A ella le exigió el pago de las latas que había cogido el lunes. Muy extrañada por el reclamo la señora le respondió que no era ella la que pagaba. El hombre pidió el desayuno y cuando se lo entregó le tiró al suelo, con rabia, el plato y, la taza del chocolate y le dijo en voz alta “que donde él iba siempre le robaban”.
De allí, siguió la narración de la mujer, se encontró con la campesina y sus dos niños. Los llevaba para que los cuidara una cuñada, esposa del mayordomo, que es hermano de la madre de los niños, y luego de que esta le dijo que no tenía un celular, la emprendió a machete contra los pequeños.
Este relato de la propietaria del predio coincidió con el dado a conocer por la Fiscalía en la audiencia de legalización de captura e imposición de medida de aseguramiento contra el implicado, quien terminó en la cárcel, mientras que se le realiza el juicio.
Perfil del implicado
De este individuo los investigadores de la Fiscalía, por el poco tiempo que han tenido para realizar las pesquisas, han recolectado pocos detalles sobre su personalidad.
Pero en la audiencia se notó al implicado como una persona serena, “cuerda” y daba a entender que era conocedor de los hechos sucedidos en contra de los niños. Sin embargo, no se declaró culpable de los delitos que le imputó la Fiscalía de homicidio agravado y tentativa de homicidio agravado.
Llamó la atención de los investigadores la pericia de este hombre para caminar por zonas boscosas y montañosas, porque estuvo más de 33 horas huyéndole a las autoridades y estuvo a punto de burlarse de ellas, al tratar de perderse entre las selvas del departamento del Chocó.
En el momento de la captura por policías que vestían de civil, fue identificado por una cicatriz que tiene en la cara y la foto de la contraseña de la cédula que abandonó en el campamento de la finca donde agredió en la cara al otro campesino.
Se estableció que el agresor no figura con antecedentes penales, pero en la audiencia se dio a conocer el precedente del ataque hace 20 días al otro cosechero.
Además también fue motivo de inquietud en la audiencia que este sujeto no tenga o no le hubieran encontrado arraigo familiar. No se ha podido establecer si es casado o padre de familia o, al menos, esto no se aclaró en la audiencia, luego de indagar en el Sisbén y en otros sistemas de identificación. Lo que sí se dio a conocer allí fue que se desplazaba de finca en finca, en el Suroeste de Antioquia, como jornalero.
Actuó drogado
Otra de las hipótesis que podría explicar la forma de actuar del implicado sería su adicción a sustancias alucinógenas, como ha pasado en otros casos, como el sucedido hace dos meses en Medellín cuando un hombre drogado mató a cinco personas, entre las que figuraban tres niños y un anciano, e hirió a cuatro más, supuestamente, haciendo caso a una orden divina”.
Incluso, en una versión entregada esta semana por el gobernador Luis Pérezsobre lo acontecido, dijo que el reporte que le habían entregado otras autoridades era que el homicida habría actuado bajo efectos de las drogas.
Tal argumento cobró fuerza debido a que el hombre, al momento de realizar el ataque, gritó que “iba a liberar a los niños”.
El psicólogo clínico Juan Carlos Posada, dijo que hay que explicarle a la gente que cuando una persona presenta algún trastorno mental y, además, consume drogas va a aumentar la patología. Estas son enfermedades que pertenecen al grupo de las psicosis.
Pero, agregó, cuando a una persona como esta se le da por matar gente “no estamos hablando de una psicosis que puede ser mística o por consumo de drogas, sino una sociopatía”, porque agrede a la sociedad. “Estos individuos no tienen conciencia moral, no les duele, no sufren, no sienten dolor ajeno y son peligrosísimos”, anotó el profesional.
Esta sicopatía es multifactorial: una infancia difícil, padres maltratadores, víctimas de violencia infantil o son habitantes de entornos difíciles. Si a esto, se le suma cualquier consumo de drogas o alcohol, se vuelven sociópatas.
Por fortuna, en Antioquia, dijo, estos comportamientos son de prevalencia muy baja, no son comunes, pero en Estados Unidos sí, porque allí constantemente se presentan ataques de personas enloquecidas disparando un arma. Pero sí hay que reconocer que aquí hay algunos pueblos donde se han presentado estas patologías, pero no se puede hablar de una prevalencia.
Sin embargo como no se ha generado una alarma, Antioquia no está preparada para enfrentar situaciones de estas.
El médico psiquiatra del hospital San Vicente Fundación, Jorge Ospina, recordó que si esta persona tuvo un momento de demencia, puede ser un trastorno mental no tratado. Coincidió en la afirmación del sicólogo Posada en el sentido de que en este caso pudieron haber influido factores sociales y reiteró que la mayoría de personas con enfermedades mentales no cometen actos violentas de esta naturaleza.
El alcalde de Ciudad Bolívar, Antonio Castaño, comentó que este sujeto deambulaba por el pueblo y la gente lo conocía como cosechero, pero no saben dónde vive.





